Taxi.

 

 

Taxi es una ópera multimedia, como de hecho lo han sido siempre todas las óperas en mayor o menor medida. Un taxista y una pasajera desdoblada protagonizan el espectáculo, basado en una experiencia cotidiana: nos montamos en un taxi y, tras comunicar a la persona que lo conduce a dónde queremos ir, nos abandonamos a nuestros pensamientos. De este modo, establecemos un viaje interior paralelo al exterior; un viaje íntimo (y por tanto no lineal) a través de esa estructura plagada de túneles en la que escondemos todo aquello que más nos conmueve.

 

Un actor, una soprano y una bailarina, expresando lo inexpresable a través de sus voces y a través de sus cuerpos, cada uno a la medida de su entrenamiento específico o, quizás, un poco más allá. Igual que en el día a día, obligados a veces a comunicarse con las herramientas que les son hostiles, y a veces haciendo de las otras herramientas, las que dominan, el centro de su existencia. Un mundo sonoro pregrabada se entreteje en el conjunto.

 

En el fondo, lo único que importa es no permanecer indiferentes.