Otra pregunta sin respuesta

Dedicada a Elisa Urrestarazu, Santiago Martínez Abad y Lorenzo Triviño.

 

Cuando Ives lanzó al mundo The Unanswered Question abrió un abismo que nada ni nadie podrá nunca abarcar. En claro homenaje a Ives y a su bellísima obra esta pequeña pieza es, además, un ejercicio de sinestesia.

 

Así, busqué en una sala de museo tres piezas que me evocasen a los tres mundos que conviven en la obra original de Ives. Au revoir les enfants de Carmen Calvo me recordó al mundo de las cuerdas (en mi obra traducido en un violín); no fui capaz de contar cuántos niños había en el cuadro, aunque me di cuenta de que todos ellos estaban repetidos, salvo tres de los extremos. Beltram de Julio Galán me recordó al de los vientos (en mi obra traducido en un clarinete contrabajo): una niña con un pulpo en la frente y una especie de medusa en la mejilla llora pétalos de rosa ortopédicos; le rodean varias estampitas de la Virgen corrompidas mientras un trapo real desgarra el lienzo y entre la negrura del fondo del cuadro se adivinan ventanas hacia otra dimensión. Por último Siete figuras en el balcón de Juan Muñoz me recordó al mundo de la trompeta (en mi obra traducido en un saxofón soprano); al pie de dicho grupo escultórico escribí esta descripción: “Siete figuras sin emoción ni sexo ni color alguno, hacinadas en una caja-balcón demasiado pequeña, demasiado rígida, demasiado alta, demasiado oscura. Las sombras duras y rectas las seccionan por la mitad; su falta de expresividad, su sumisión es claustrofóbica, desgarradora. Siento miedo ante tanta crueldad disfrazada de nada.”