La cueva de Noctiluca.

Dedicada a Abbie Conant

 

 

En un pequeño municipio de la costa malagueña existe una cueva muy especial conocida como La Cueva del Tesoro. Es una de las tres cuevas de origen submarino que se contabilizan en el mundo, y la única de esta especie que encontramos en Europa. A su interés geológico se suma el hecho de que fue utilizada como santuario desde la Prehistoria; en su seno se adoraba a Noctiluca, diosa lunar de la fecundidad, la vida y la muerte.

 

Muchas leyendas se han ido forjando en torno a esta cueva de paredes suaves y voluptuosas desde la Edad Media hasta nuestros días: se dice que Marco Craso la usó como refugio durante meses; se dice que cinco reyes moros escondieron un magnífico tesoro en alguna de sus salas; se dice que era habitada por un dragón descomunal; se dice también que vaga por sus recovecos el fantasma de “el suizo”, que durante treinta años dinamitó la cueva en busca del famoso tesoro y que terminó muriendo en una de esas explosiones.

 

Yo, siempre que puedo, vuelvo a ella. En su interior me siento a la vez alerta y protegida, diminuta y plena, temblorosa y en paz. Recorrerla nunca me deja indiferente. Con esta obra pretendo mostrarle mi agradecimiento.