Memento mori (Tríptico ecuménico).

Dedicada a Sonia Carillo

 

Las tres piezas que componen esta obra son sendas meditaciones sobre diferentes manifestaciones culturales de la impermanencia. Cada una de ellas puede interpretarse de forma independiente si se desea, pero en caso de llevarse a cabo el tríptico completo debe respetarse el siguiente orden:

 

Impermanencia 1: Mandala de arena.
Los monjes budistas tibetanos pasan días enteros elaborando sofisticados dibujos simétricos con arena de colores que terminan confluyendo en un bello mandala. Cuando está terminado lo destruyen, generalmente (aunque no siempre) soplando. Y así simbolizan el desapego.

 

Impermanencia 2: Capela dos ossos.
En varias ciudades de Portugal (y también de otros países) se construyeron, tras la Contrarreforma, capillas cubiertas por entero de huesos humanos. En los dinteles de sus puertas se escribieron mensajes que invitan a reflexionar acerca de nuestra inevitable condición mortal. Siglos más tarde esos huesos, desgastados y cubiertos de polvo, siguen susurrándonos en silencio: Nos ossos que aquí estamos pelos vossos esperamos…

 

Impermanencia 3: Reconstructed icicles.

El artista Andy Goldsworthy ha elaborado a lo largo de su carrera, en plena naturaleza, un nutrido catálogo de obras efímeras en las que sólo trabaja con sus manos, sus dientes y algún elemento encontrado in situ que pueda servirle como herramienta improvisada. Reconstructed Icicles es una serie de piezas en las que el artista utiliza trozos de carámbanos para crear esculturas de hielo. Al salir el sol, las esculturas desaparecen para siempre.