Cuando de nada sirve hablar.

 

 

 

Estoy respirando. Sólo eso. Respirando triste.

Estoy pegado/a a la boquilla de un saxofón, aferrado/a a ella como un náufrago a su tabla. Sólo eso. Como un náufrago.

Estoy como en el mar, a la deriva y rodeado/a de murmullos;

murmullos que salen de mis labios pero que nadie puede comprender, igual que nadie puede comprender el murmullo de las olas.

Sólo eso. Rodeado/a de mis propios murmullos. Como un náufrago. Triste. Respirando.

 

Quizá si trato de hablar en voz alta todos se van a dar cuenta de que intento decir algo.

No se si eso es mejor a peor. Tampoco me importa.

No me importa si me entienden o no.

Por eso no voy a despegar mis labios de la boquilla del saxofón.

Porque no importa si lo que estoy diciendo son palabras o un amasijo de sonidos.

Porque no importa si lo que ahora suena se llama murmullo, palabras o música.

Nada de eso importa cuando de nada sirve hablar.