Despedida.

Dedicada a Bartolomé Llorens

 

A veces pasa que el cubo de las palabras se desborda. A partir de ese momento cualquier intento de hablar termina desparramándose y, después, filtrándose por las grietas del alma. Entonces puedes sentir cómo algunas de esas palabras derramadas, siempre las que más pesan, se alejan cayendo hacia el fondo de un abismo que ni sabías que existía dentro de ti. Y se produce entonces una epifanía de dolor que nos obliga a enmudecer, a emigrar a otras tierras sin palabras donde poder sanar y recobrar la calma.