Semillas para cultivar la alegría. 01.Bergamasca. Homenaje a Respighi.

 

Dedicada a la Orquesta de Cámara Gaspar Cassadó

En agradecimiento a Lynne Kurzeknabe

 

Mi padre trajo un disco a casa cuando yo era muy pequeña. Tenía los bordes rojos y, en la portada, un detalle de un cuadro de Boticelli que representaba el rostro de las Tres Gracias danzando. Se trataba de Ancient Airs and Dances de Respighi, las tres suites completas interpretadas por Los Angeles Chamber Orchestra bajo la batuta de Neville Marriner. La grabación había sido hecha en 1976. Me enamoré de aquel disco de inmediato, y esa música estuvo junto a mí a lo largo de todos esos años en los que acabé convirtiéndome en mujer.

 

La segunda cara del disco acababa con la Bergamasca final de la Segunda Suite, y tras haber sentido con toda mi pasión adolescente diversos estados de ánimo a lo largo de la obra completa, para mí sin duda aquel era el momento de la alegría. Ese ostinato sencillo y poderoso era capaz de disiparme cualquier sombra de desdicha mientras estaba sonando.

 

Muchos años después vuelvo a recurrir a Respighi y a su Bergamasca…bueno, en realidad no es suya del todo. Él se basa en una danza original para laúd del siglo XVII, escrita por Bernardo Gianoncelli; la orquesta y la enriquece estructuralmente según el lenguaje posromántico que le caracteriza.

 

Respighi se apropia de la música de Il Bernardello y yo me apropio de la suya. Uso el ostinato de la bergamasca como antídoto para el dolor y la tristeza que provoca otro ostinato también muy usado en el XVII: el bajo de lamento.

 

Y con todo este juego quiero mostrar mi agradecimiento a Lynne Kurzeknabe, musicóloga hechizada por la música del XVII, directora de coro y buena amiga, por toda la alegría que ha sabido derramar generosamente en mi vida.